Formación coordinada por el CIPC para reforzar la confianza entre los jóvenes y la policía

El 2 de diciembre de 2025, la Red de intercambio y apoyo a las acciones locales (RÉSAL) llevo a cabo su última actividad de capacitación del año, financiada por Prévention Montréal (Ciudad de Montreal). Esta actividad, coordinada por el CIPC, constituyó la segunda edición de una formación ofrecida el pasado mes de octubre. El encuentro, que tuvo lugar en el Centre St-Pierre, en Montreal, abordó el tema «Los jóvenes y la policía: comprender y atenuar los lazos de desconfianza» con la participación del Sr. Victor Armony, profesor titular de la UQAM e investigador del CRIDAQ. 

Un espacio para dialogar y reflexionar

Destinado a los profesionales que trabajan con jóvenes, en el ámbito escolar y comunitario, a los agentes de proximidad y a los profesionales que se ocupan de cuestiones relacionadas con la prevención de la delincuencia, el encuentro permitió abordar las tensiones persistentes entre los jóvenes y la policía. Algunos participantes destacaron los retos relacionados con la disponibilidad de recursos y la adaptación de las herramientas a la realidad de los jóvenes. Los participantes expresaron la urgente necesidad de apoyo institucional y político para acompañar mejor a los jóvenes. 

Conclusiones que llaman la atención 

Las discusiones destacaron algunos temas transversales: 

  • Desconfianza generalizada: una sola interacción negativa con la policía puede ser suficiente para romper meses de trabajo relacional con los jóvenes. Los participantes destacaron que los jóvenes se sienten poco representados y tienen poca confianza en las instituciones, lo que alimenta un sentimiento de exclusión. Esta desconfianza no solo afecta a los jóvenes, sino también a los profesionales, que a veces tienen dificultades para colaborar eficazmente entre instituciones. 
  • Sesgos y estereotipos: ciertas prácticas institucionales y datos incompletos contribuyen a que algunos barrios o comunidades sean objeto de una atención desproporcionada. En concreto, esto significa que los jóvenes procedentes de entornos racializados o desfavorecidos son objeto de una mayor vigilancia que otros, lo que refuerza los estereotipos y crea un clima de sospecha. 
  • Violencia invisible: esta violencia no es física, sino que se manifiesta en forma de microagresiones (pequeños gestos o comentarios denigrantes), relaciones ambiguas entre los jóvenes y las instituciones y doble victimización. Por ejemplo, cuando se ignora o se minimiza una denuncia por discriminación, la víctima sufre una segunda injusticia. Estas situaciones minan la confianza, especialmente entre las jóvenes racializadas. 
  • Falta de herramientas adecuadas: los dispositivos actuales no siempre responden a la realidad de los jóvenes. Los participantes mencionaron en particular la falta de espacios donde los jóvenes puedan expresarse, como los comités juveniles en algunos distritos. Esta carencia limita su capacidad para hacer oír sus necesidades y desarrollar su pensamiento crítico. 
  • Falta de comunicación: la falta de información y de intercambio de datos entre los distintos servicios públicos y privados dificulta la coordinación y la implementación de medidas eficaces.
  • Lenguaje institucional fragmentado: los términos «prevención» o «riesgo» pueden tener significados diferentes para la policía y para una organización comunitaria, lo que complica la coordinación. Por ejemplo, lo que la policía considera «prevención» puede tener un significado diferente para una organización comunitaria, lo que da lugar a intervenciones incoherentes. 

Estas conclusiones recuerdan que la desconfianza puede explicarse por una combinación de varios factores, entre los que se incluyen aspectos individuales, institucionales y estructurales. 

Pistas para avanzar 

La formación permitió identificar medidas concretas: reforzar la coordinación interinstitucional, crear espacios para la participación de los jóvenes, desarrollar herramientas adaptadas y formar a los actores para que reconozcan sus sesgos. Los participantes insistieron en la necesidad de un lenguaje común y de una comprensión sistémica de las relaciones entre instituciones. 

Un fuerte compromiso del CIPC

Este encuentro marca el final de una serie de formaciones del RÉSAL para 2024-2025, que ha contribuido a dotar a los actores locales de herramientas para hacer frente a los complejos retos que plantea la violencia juvenil. Para el CIPC, estas actividades siguen siendo esenciales para reforzar las capacidades de los actores locales y fomentar enfoques colaborativos.